¿Sabes? Cuando era pequeño, nunca me creía los cuentos que mi madre me contaba o me leía antes de dormir. En lugar de quedarme dormido, me quedaba mirando al techo y pensando. Esos cuentos me sacaban un sinfín de preguntas. Me preguntaba por qué el príncipe siempre tenía que ser azul y la princesa rubia de ojos azules. Por qué nadie le hacía caso a la vieja bruja, quizá quería ayudarles a darse cuenta que viven en un cuento, o sólo un poco más de protagonismo. Por qué van en un caballo blanco, por qué se pasan la vida dando paseos por un bosque con animales salvajes que están totalmente domados. Supongo que ya deben actualizarlos un poco. ¿No crees? Cambiar el enorme palacio por el parque y el banco de siempre, el caballo blanco por una moto, y los paseos por los prados llenos de flores por paseos por las calles buscando algún portal abierto.
No tengo ni idea de lo que te habrá hecho para que te tengas que ir de esa manera, pero ojalá se dé cuenta de que ha destrozado uno de los corazones más puros que he conocido. No bajes la guardia o morirás de un simple arañazo, Laura. Si pudiera esta noche me inventaría un cuento, pero uno bueno, para que vuelvas a creer en ellos. Seguramente yo no sería un príncipe, y menos azul, nunca me ha quedado bien ese color. (A tus ojos le queda de maravilla.) Sería el malo que acaba enamorado de la chica a la que le gustan todas las estaciones, menos las de tren. (véase el nuevo concepto de princesa) y bueno, no habría castillos, ni docellas, ni malvadas madrastras, pero conozco un sitio que seguro te gustará, no muy lejos de mi casa.
Au revoir.
Eric.
(...)
-Dios, Laura, pareces que tienes un imán que atrae a los empalagosos del mundo. A pesar de las terribles ganas de vomitar que me has provocado, dime que lo llamaste después de leer la carta.
-No, no le llamé.
-¿Me puedes decir qué pasa contigo? ¿No le mandaste ni siquiera un WhatsApp? ¿Correo? ¿No le has mandado nada? Llevo toda la vida escuchando lo que buscas en un tío y ahora llega el Lachowski made in Francia y pasas de él.
-Mónica, joder. Eric no es como tu piensas. Tiene una personalidad diferente. Aunque deberías estar de acuerdo, como siempre dices que todos son iguales, como si fueran fotocopias, que por mucho que aguanten, se les cambia el chip un día y se convierten en gilipollas.
-Es que esa es la experiencia que he tenido, y si te lo digo es para que no pases por lo mismo que yo. Además, los chicos que a ti te gustan no tienen ningún chip. Son ositos de peluches rosa y empalagosos, un corazón lleno de ñoñerías y lo único que sacan por la boca son frases de Neruda. Venga ya, no me jodas.
-Te vuelvo a repetir que Eric no es así.
(...)
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