Te quiero hacer saber que me basta con cerrar los ojos para verte,basta no tenerte unas horas para volver a escribirte, volver recorrerme tus fotos una y otra vez.Y es que, joder, cada vez que las veo siento una cosa distinta.
Empecemos por tus ojos, me ahogo por querer verlos y hacerles justicia por el otoño que llevas escondido en ellos. Me haces querer pasarme el resto de mi vida mirándolos, día tras día, noche tras noche. Llegar a los 99, trasnochado, temiendo no volver a dormir contigo otra noche más. Porque el miedo a perderte lo tenía incluso antes de tenerte.
Ahora, podría describir tu boca, pero me faltarían metáforas y adjetivos. Y te digo a ti, estudiante de ciencia (in)cierta, que la gravedad no tiene un valor de 9,8, tiene las medidas de tus labios. Aunque me tenga que poner de puntillas para besarlos, voy a intentar medirlos para que corrijan esa barbaridad que dicen.
Con tu lengua, inventaría un nuevo idioma que sólo entendiéramos nosotros y lo gritáramos en medio de la noche. Estudiar otro lenguaje que no sea el mio.
Tus manos, que guardan un mapa, con todas las líneas de tu vida, y seguro, que todas me llevan a tu casa. Qué estoy diciendo. También guardan el tesoro, el barco, la bandera y la isla entera. Contaría con tus dedos todas las veces que me das la vida (y me la quitas).
Dicen que la perfección no existe. Pero es que, joder, tú estás siempre precioso. Mira hacía el cielo, y luego mírame a mí y cuéntame todas las estrellas que has visto porque yo, sólo te puedo ver a ti, eclipsando a todas las constelaciones (menos a las que forman los lunares en tu espalda).
Lo perfecto está lleno de defectos. Lo sé porque tú dudas de ti mismo, te he visto mirarte y no gustarte, pero sí cuando te mirabas al espejo de mis ojos. Pero yo, me he enamorado de tus defectos, mi amor. De las mejores opciones de tu propia esencia.
Tengo tantas cosas que decirte, cariño. He cambiado el quererte por amarte. Pero aún te sigo queriendo. Y no te puedo escribir cuánto ni hasta dónde, porque para eso necesito tenerte en frente y dejar las palabras a un lado para decirte que mi vida envidia mi suerte.
A tu sonrisa no le cobro, lo ponemos todo a cuenta del destino y que lo pague él.
domingo, 26 de enero de 2014
sábado, 25 de enero de 2014
Telegrama urgente para la gente.
Que alguien me diga dónde ha acabado el romanticismo. ¿Quién lo ha matado y quién se ha atrevido a enterrarle?
¿Dónde están todas esas viejas costumbres que teníamos? ¿Queda alguien aún que lea en la cama antes de irse a dormir? Que sueñe con los ojos abiertos. Que deje el perfume de sus manos en el papel de una carta y no en un email. Que juegue con alguien untándose la nariz con chocolate y que aún piense que el ombligo de alguien es el mejor recipiente. Alguien que aún vea pelis en el sofá y que acabe sin saber de que va, pero si que sepa cada detalle de la cara de ella. Alguien que me vuelva a enseñar a tocar el piano mientras me observa dejándose caer en el con la mirada rebosando amor. ¿Hay alguien que aún escriba en las madrugadas de insomnio un diario? Con el miedo y el morbo de que algún día alguien leerá los pecados cometidos.
Vamos perdiendo poco a poco todas las viejas costumbres, pero la de quererte, no me la quita nadie.
¿Dónde están todas esas viejas costumbres que teníamos? ¿Queda alguien aún que lea en la cama antes de irse a dormir? Que sueñe con los ojos abiertos. Que deje el perfume de sus manos en el papel de una carta y no en un email. Que juegue con alguien untándose la nariz con chocolate y que aún piense que el ombligo de alguien es el mejor recipiente. Alguien que aún vea pelis en el sofá y que acabe sin saber de que va, pero si que sepa cada detalle de la cara de ella. Alguien que me vuelva a enseñar a tocar el piano mientras me observa dejándose caer en el con la mirada rebosando amor. ¿Hay alguien que aún escriba en las madrugadas de insomnio un diario? Con el miedo y el morbo de que algún día alguien leerá los pecados cometidos.
lunes, 20 de enero de 2014
'voyage, voyage.'
Un sábado se merece ir a Praga, decías,
porque Venecia está hecha para los domingos,
para estar toda la tarde en pijama.
Los lunes, en Pisa se nos torcían,
los martes, te volvías mi dios griego,
hasta los de Atenas te envidiaban.
Los miércoles a Lisboa,
pero rápido, que perdemos el tranvía.
Los jueves traías Roma a nuestra habitación
Aunque mis días preferidos siguen siendo los viernes en Madrid.
(pero ya sabes lo que dicen;
'para hacer bien el amor hay que venir al sur'.)
porque Venecia está hecha para los domingos,
para estar toda la tarde en pijama.
Los lunes, en Pisa se nos torcían,
los martes, te volvías mi dios griego,
hasta los de Atenas te envidiaban.
Los miércoles a Lisboa,
pero rápido, que perdemos el tranvía.
Los jueves traías Roma a nuestra habitación
Aunque mis días preferidos siguen siendo los viernes en Madrid.
(pero ya sabes lo que dicen;
'para hacer bien el amor hay que venir al sur'.)
domingo, 19 de enero de 2014
Cómo mola el ajedrez.
Estamos sentados uno en frente del otro separados por un tablero de ajedrez de madera. Yo con mis blancas y tu con tus negras. Puedes atacar o sólo defenderte. Dejarte llevar o tener una estrategia. Hacer la partida interesante sacrificando todos tus peones o proteger a tu rey con un escudo a su alrededor.
Otro dato importante es que el que pierde una pieza, pierde una prenda.
Que empiece la partida.
Muevo el peón que está delante del caballo. Mi primer movimiento es siempre el mismo. Una estrategia básica. Si te acuerdas de todos puedes ganar la partida en sólo 14 movimientos. Te toca a ti. Haces lo mismo moviendo el mismo peón. Quizás también sepas esta estrategia. Muevo un peón para comprobarlo. Te das cuenta de mi error. Me comes un peón y me quito la sudadera.
-No juegues con fuego, o tu rey acabará pagando las consecuencias -dices mientras levantas la comisura izquierda de tu boca.
Te como dos peones y sacrifico otros dos míos.
(tengo hace calor)
Seguidamente tengo que mover mi alfil protegido con otras dos piezas. Toca sacar al caballo al campo de la batalla.
Antes odiaba al caballo. Ahora da con sus movimientos mucho más que ir en recto o diagonal.
Me como sus afiles y tres de sus peones, pero sacrificando mis dos torres.
Esto se va poniendo interesante. Lleva unos calcetines, una camiseta de tirantes y un bóxer negro. A mi me quedan unos culots rojos y una camiseta blanca y la ropa interior.
Le llevo ventaja.
Después de mirar el tablero y la poca ropa que le queda me planteo una estrategia de tres pasos. Sonrío inconscientemente.
-Vamos, que no tengo todo el día. ¿Estas teniendo una visión o qué?
-Cualquier movimiento puede llegar a ser un suicidio sin sentido, si no se tiene paciencia, nene -digo recordando las palabras de mi primo, que fue el que me enseñó a jugar al ajedrez todos los veranos cuando era pequeña.
Muevo mi alfil a D6.
-Mal, mal, mal, muy mal pequeña. ¿Y tu otro caballo? ¿En que estás pensando?
Me quito la camiseta. Te vas a enterar. Muevo mi alfil a E8.
-Vaya, vaya, ¿ahora quién se ríe, vaquero? Dile adiós a tu reina.
Me mira desconcertado. Traga saliva. Se quita los calcetines bajo mi mirada. Y sin pensarlo demasiado mueve una de sus torres. Despídete de ella. Se quita la camiseta. Sólo le quedan el bóxer. Lo miro de arriba abajo. Victoria.
- Me has ganado, me rindo, maestra - dice y me suplica piedad.
- Que cobarde. No puedes rendirte. ¿Cómo puedes abandonar a tu rey cuando esta indefenso a punto de morir?
- No me preocupa para nada la muerte de mi rey, sino lo que eso conlleva su muerte.
Lo miro con orgullo y le digo que haga el último movimiento que puede hacer.
Jaque Mate. Su rey muere.
Otro dato importante es que el que pierde una pieza, pierde una prenda.
Que empiece la partida.
Muevo el peón que está delante del caballo. Mi primer movimiento es siempre el mismo. Una estrategia básica. Si te acuerdas de todos puedes ganar la partida en sólo 14 movimientos. Te toca a ti. Haces lo mismo moviendo el mismo peón. Quizás también sepas esta estrategia. Muevo un peón para comprobarlo. Te das cuenta de mi error. Me comes un peón y me quito la sudadera.
-No juegues con fuego, o tu rey acabará pagando las consecuencias -dices mientras levantas la comisura izquierda de tu boca.
Te como dos peones y sacrifico otros dos míos.
(
Seguidamente tengo que mover mi alfil protegido con otras dos piezas. Toca sacar al caballo al campo de la batalla.
Antes odiaba al caballo. Ahora da con sus movimientos mucho más que ir en recto o diagonal.
Me como sus afiles y tres de sus peones, pero sacrificando mis dos torres.
Esto se va poniendo interesante. Lleva unos calcetines, una camiseta de tirantes y un bóxer negro. A mi me quedan unos culots rojos y una camiseta blanca y la ropa interior.
Le llevo ventaja.
Después de mirar el tablero y la poca ropa que le queda me planteo una estrategia de tres pasos. Sonrío inconscientemente.
-Vamos, que no tengo todo el día. ¿Estas teniendo una visión o qué?
-Cualquier movimiento puede llegar a ser un suicidio sin sentido, si no se tiene paciencia, nene -digo recordando las palabras de mi primo, que fue el que me enseñó a jugar al ajedrez todos los veranos cuando era pequeña.
Muevo mi alfil a D6.
-Mal, mal, mal, muy mal pequeña. ¿Y tu otro caballo? ¿En que estás pensando?
Me quito la camiseta. Te vas a enterar. Muevo mi alfil a E8.
-Vaya, vaya, ¿ahora quién se ríe, vaquero? Dile adiós a tu reina.
Me mira desconcertado. Traga saliva. Se quita los calcetines bajo mi mirada. Y sin pensarlo demasiado mueve una de sus torres. Despídete de ella. Se quita la camiseta. Sólo le quedan el bóxer. Lo miro de arriba abajo. Victoria.
- Me has ganado, me rindo, maestra - dice y me suplica piedad.
- Que cobarde. No puedes rendirte. ¿Cómo puedes abandonar a tu rey cuando esta indefenso a punto de morir?
- No me preocupa para nada la muerte de mi rey, sino lo que eso conlleva su muerte.
Lo miro con orgullo y le digo que haga el último movimiento que puede hacer.
Jaque Mate. Su rey muere.
viernes, 17 de enero de 2014
Uno que llega y otro que se va, pero con ese que ha llegado.
Todo el mundo se refugia en algún sitio alguna vez, cuando está triste por ejemplo, solo o cuando simplemente está. En la playa, en un parque o entre las cuatro paredes de su habitación. No sé.
Yo pienso que uno de los mejores sitios, es el aeropuerto.
Cada vez que espero sentada en alguna de esas incómodas sillas a que salga mi vuelo. A veces no hay a penas gente y me entretengo viendo despegar otros aviones, pero otras, me quedo viendo como padres, amigos, abuelos, parejas, están esperando, quizás a las personas que más quieren en este mundo. Se ven sonrisas, lágrimas, pero todas de alegría. Miles de caricias, abrazos, besos, miles de te he echado de menos todo este tiempo, semanas, meses o años. Amor. Pero creo que lo que más me gusta, como mi canción preferida y que nunca dejaría de escuchar. Es ese momento en el que parece que el mundo deja de dar vueltas y un padre deja su maleta que se oye cuando cae al suelo porque ha salido corriendo a abrazar a sus hijos, mujer, primos, padres o abuelos. El tiempo vuelve a unir lo que el mundo ha separado, y yo estoy allí para verlo.
Luego cuando ya estoy sentada en mi sitio del avión, por cierto, mucho más confortable, pienso que en ese momento alguien estará celebrando con sus amigos la llegada del otro, o quizás parejas haciendo el amor después de meses sin el otro, o un padre contándole a su hijo lo mucho que ha pasado y como ha sido trabajar en otro sitio para que ellos tengan un techo encima y una sonrisa en la cara.
Yo pienso que uno de los mejores sitios, es el aeropuerto.
Cada vez que espero sentada en alguna de esas incómodas sillas a que salga mi vuelo. A veces no hay a penas gente y me entretengo viendo despegar otros aviones, pero otras, me quedo viendo como padres, amigos, abuelos, parejas, están esperando, quizás a las personas que más quieren en este mundo. Se ven sonrisas, lágrimas, pero todas de alegría. Miles de caricias, abrazos, besos, miles de te he echado de menos todo este tiempo, semanas, meses o años. Amor. Pero creo que lo que más me gusta, como mi canción preferida y que nunca dejaría de escuchar. Es ese momento en el que parece que el mundo deja de dar vueltas y un padre deja su maleta que se oye cuando cae al suelo porque ha salido corriendo a abrazar a sus hijos, mujer, primos, padres o abuelos. El tiempo vuelve a unir lo que el mundo ha separado, y yo estoy allí para verlo.
Luego cuando ya estoy sentada en mi sitio del avión, por cierto, mucho más confortable, pienso que en ese momento alguien estará celebrando con sus amigos la llegada del otro, o quizás parejas haciendo el amor después de meses sin el otro, o un padre contándole a su hijo lo mucho que ha pasado y como ha sido trabajar en otro sitio para que ellos tengan un techo encima y una sonrisa en la cara.
domingo, 5 de enero de 2014
Nuevo concepto de princesa.
¿Sabes? Cuando era pequeño, nunca me creía los cuentos que mi madre me contaba o me leía antes de dormir. En lugar de quedarme dormido, me quedaba mirando al techo y pensando. Esos cuentos me sacaban un sinfín de preguntas. Me preguntaba por qué el príncipe siempre tenía que ser azul y la princesa rubia de ojos azules. Por qué nadie le hacía caso a la vieja bruja, quizá quería ayudarles a darse cuenta que viven en un cuento, o sólo un poco más de protagonismo. Por qué van en un caballo blanco, por qué se pasan la vida dando paseos por un bosque con animales salvajes que están totalmente domados. Supongo que ya deben actualizarlos un poco. ¿No crees? Cambiar el enorme palacio por el parque y el banco de siempre, el caballo blanco por una moto, y los paseos por los prados llenos de flores por paseos por las calles buscando algún portal abierto.
No tengo ni idea de lo que te habrá hecho para que te tengas que ir de esa manera, pero ojalá se dé cuenta de que ha destrozado uno de los corazones más puros que he conocido. No bajes la guardia o morirás de un simple arañazo, Laura. Si pudiera esta noche me inventaría un cuento, pero uno bueno, para que vuelvas a creer en ellos. Seguramente yo no sería un príncipe, y menos azul, nunca me ha quedado bien ese color. (A tus ojos le queda de maravilla.) Sería el malo que acaba enamorado de la chica a la que le gustan todas las estaciones, menos las de tren. (véase el nuevo concepto de princesa) y bueno, no habría castillos, ni docellas, ni malvadas madrastras, pero conozco un sitio que seguro te gustará, no muy lejos de mi casa.
Au revoir.
Eric.
(...)
-Dios, Laura, pareces que tienes un imán que atrae a los empalagosos del mundo. A pesar de las terribles ganas de vomitar que me has provocado, dime que lo llamaste después de leer la carta.
-No, no le llamé.
-¿Me puedes decir qué pasa contigo? ¿No le mandaste ni siquiera un WhatsApp? ¿Correo? ¿No le has mandado nada? Llevo toda la vida escuchando lo que buscas en un tío y ahora llega el Lachowski made in Francia y pasas de él.
-Mónica, joder. Eric no es como tu piensas. Tiene una personalidad diferente. Aunque deberías estar de acuerdo, como siempre dices que todos son iguales, como si fueran fotocopias, que por mucho que aguanten, se les cambia el chip un día y se convierten en gilipollas.
-Es que esa es la experiencia que he tenido, y si te lo digo es para que no pases por lo mismo que yo. Además, los chicos que a ti te gustan no tienen ningún chip. Son ositos de peluches rosa y empalagosos, un corazón lleno de ñoñerías y lo único que sacan por la boca son frases de Neruda. Venga ya, no me jodas.
-Te vuelvo a repetir que Eric no es así.
(...)
No tengo ni idea de lo que te habrá hecho para que te tengas que ir de esa manera, pero ojalá se dé cuenta de que ha destrozado uno de los corazones más puros que he conocido. No bajes la guardia o morirás de un simple arañazo, Laura. Si pudiera esta noche me inventaría un cuento, pero uno bueno, para que vuelvas a creer en ellos. Seguramente yo no sería un príncipe, y menos azul, nunca me ha quedado bien ese color. (A tus ojos le queda de maravilla.) Sería el malo que acaba enamorado de la chica a la que le gustan todas las estaciones, menos las de tren. (véase el nuevo concepto de princesa) y bueno, no habría castillos, ni docellas, ni malvadas madrastras, pero conozco un sitio que seguro te gustará, no muy lejos de mi casa.
Au revoir.
Eric.
(...)
-Dios, Laura, pareces que tienes un imán que atrae a los empalagosos del mundo. A pesar de las terribles ganas de vomitar que me has provocado, dime que lo llamaste después de leer la carta.
-No, no le llamé.
-¿Me puedes decir qué pasa contigo? ¿No le mandaste ni siquiera un WhatsApp? ¿Correo? ¿No le has mandado nada? Llevo toda la vida escuchando lo que buscas en un tío y ahora llega el Lachowski made in Francia y pasas de él.
-Mónica, joder. Eric no es como tu piensas. Tiene una personalidad diferente. Aunque deberías estar de acuerdo, como siempre dices que todos son iguales, como si fueran fotocopias, que por mucho que aguanten, se les cambia el chip un día y se convierten en gilipollas.
-Es que esa es la experiencia que he tenido, y si te lo digo es para que no pases por lo mismo que yo. Además, los chicos que a ti te gustan no tienen ningún chip. Son ositos de peluches rosa y empalagosos, un corazón lleno de ñoñerías y lo único que sacan por la boca son frases de Neruda. Venga ya, no me jodas.
-Te vuelvo a repetir que Eric no es así.
(...)
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