A los que están, a los que estuvieron, a los que no podrán volver a estar. A los que están cerca, y a los que están lejos. A los que echo de menos. A los que han pasado y se han ido, por cobardes, a los valientes, por quedarse. A los conocidos, y a los que nunca dejaré de conocer. A los que hicieron daño para valorar a quienes no me lo harían nunca. A los héroes que se han atrevido a salvarme, a los que nunca fueron salvados. A los que viven en un cuento, a los que hacen historia. A los que se han atrevido a entrar en mi vida. A los que vendrán en el futuro. A los que han estado en el pasado, pero no están olvidados. A los que luchan, y a los que obligan a otros a hacerlo. A los que sueñan, a los que cumplen sus sueños, a los que sus sueños son cumplidos por otros. A los que me hacen soñar. A los que me roban el aire para calentarse las manos. A los que sonríen, y a los que me hacen sonreír. A los idiotas que me hacen reír. A los que nos hacen perder la noción del tiempo, pero no perderlo. A los que me regalan chuches y dulces, aunque otros me amarguen la vida. A los que creen, a los que me dan esperanzas, y a los que no. A los que lloran, pero sin hacer llorar a nadie más. A los niños que se quedan embobados viendo los teatros. A los que no les guardo rencor, a los que sí se lo guardo, por si vienen a buscarlo, algún día. A los que quise, a los que quiero y a los que pase lo que pase, pese lo que pese y me pisen lo que me pisen, seguiré queriendo. A ti, que no te quiero, porque eso lo puede hacer cualquiera, que te amo, siempre un poquito más y siempre un poquito antes. A todos vosotros:
¡Feliz Na(vida)d!
A tu sonrisa no le cobro, lo ponemos todo a cuenta del destino y que lo pague él.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
domingo, 22 de diciembre de 2013
To: a quien quiera recibirlo
Te voy a decir la verdad. Te voy a decir todo de estos días. Te voy a decir que me has destrozado. Que estoy destrozada. Me has dejado tirada en la puta cuneta, con la miel en los labios. Has hecho de un puzle de dos piezas un maldito mosaico de millones. No tenías derecho a ello. Te voy a decir, maldita sea, que no bajes la mirada, ni me mires como si no hubieras roto un plato en toda tu vida. Que tu lo has roto todo y que jamás, jamás tendrás derecho a replicarme nada. No podrás culparme por haberme agarrado a un tronco de madera, cuando fuiste tú quien decidió naufragarnos. Que antes de odiarnos, de odiarme, de odiarle, u odiarte. Deberías venir y mirarme a los ojos y explicarme por qué es necesario tanto dolor, para qué ha servido. Deberías mirarte a un maldito espejo cuando te preguntes quién tuvo la culpa de todo esto. Deberías dejarme huir de ti.
Bueno, da igual, esto sólo me permito pensarlo a veces.
Otras, lo veo como una muerte dulce. Y te suplico, hecha pedazos, como una idiota, que me vuelvas a matar, que quiero que me vuelvas a resucitar.
Qué coño importa ya.
Me autoengaño.
Se vuelve a repetir.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Los domingos que me debes.
Abro un ojo dejando el otro pegado a mi sueño.
Menos mal, estás aquí.
Durmiendo.
Te has olvidado la mano en mi cintura.
A pesar del calor, me quedo practicando el silencio.
Acariciándote el pelo.
Y es que es tu pelo.
Qué suerte la mía.
Tengo un sueño entre los dedos,
y es mejor que cumplir cualquiera.
Podría pasarme las horas, días o semanas,
mirando cada milímetro de tu piel.
Seguiría pensando que no hay nada más bonito que quieran mirar mis ojos,
que no seas tú,
tus maneras.
Qué precioso te pones cuando duermes, vida.
Así también te vi por primera vez,
y así te miro cada vez que te veo.
Como la primera vez.
Ojalá inmortalizar este momento,
como si ya no fuéramos eternos.
Seguro, mañana me quedo dormida,
porque no tengo alguna parte de tu cuerpo descansando sobre mí,
a pesar del calor.
Seguro que llego tarde, y seré la primera en irme a la cama.
Y la única.
Me pasaré en la cama todo el día por si vuelves con mi recompensa,
y te vuelvas a olvidar la mano en mi cintura,
y me beses,
gritándome por dentro, que no crees en el amor, pero crees en mí.
gritándome por dentro, que no crees en el amor, pero crees en mí.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Pequeña carta para que sonrías.
¿Cómo le puedo decir a un hombre de ciencias que le quiero?
¿Le digo 'I love you' en inglés? ¿'Je t'aime' en francés? Quizás entienda malayo y le pueda decir 'Saya suka anda', bueno... en ese caso creo que sería mejor hablarle geométricamente.
Mi intención desde el principio fue situarme en algún plano de tu vida, aunque sea pequeño punto en el espacio. No has cortado muchas rectas por mis curvas. Pero...¿por qué no seguimos rectas cortas? Para disminuir un poco las distancias. No me gustan las secantes porque siempre acaban cortándome la razón, esa equidistante, de tus palabras y mi corazón. Bueno, al final, siempre acabo haciendo parábolas, a mi bola. A las hipotenusas y a los cosenos, los dejamos para luego. Quiero, que mis manos, sean tus poliedros. Mis dudas, sean tu hélice. Que tu espalda se convierta en mi tercera dimensión. Y tus caderas, a tus caderas las haría mi ángulo obtuso. Hagamos de mil problemas de tangencias, sólo dos soluciones calculadas. Probemos a ser ángulos correspondientes, a ver si tenemos transversal.
PD: Te quiero.
PD2: Te quiero.
PD3: Y te quiero.
Fdo: Una 'letrasada'.
viernes, 6 de diciembre de 2013
A lo mejor, no era exactamente una princesa.
-No sé por qué soy así. Me entusiasmo tanto al principio, que luego, pierdo todo el interés. Y por mucho que fracase, que me dé de bruces contra la pared, una y otra vez, sigo con la esperanza de encontrar al amor de mi vida. Mis esperanzas de encontrar un nuevo príncipe azul se recuperan incluso antes de que yo haya olvidado al último clavo.
-Laura, eres como una niña pequeña buscando la chuche perfecta en una tienda de osos de peluches enorme. Te dejas llevar, te ciega tu imaginación y no te das ni cuenta, de que buscas en el sitio equivocado.
-Ay, Mónica, dime la verdad...¿Tú crees que encontraré algún día a alguien que consiga llenar este vacío?
-Ese alguien tiene que tener una polla muy grande para llenarte a ti, cariño. Eres tan inocente...
-Y tú una cerda, Mónica... y tu una cerda.
Al día siguiente, Laura, se despertó, como todos los domingos, demasiado tarde. Amaba tanto dormir, y su cama, tanto como a los sueños que tenía. Pero odiaba pensar que los sueños, le alejaban de las cosas reales de la vida, de los pequeños detalles. ¿Cuánto tiempo hay que soñar? ¿En cuánto tiempo se olvidan los sueños?
El agua caliente iba llenando poco a poco su bañera, que poco a poco quedaba escondida entre espumas de sales aromáticas. El plan perfecto para relajarse un domingo sumergida en si misma horas y horas.
Hoy haría todas esas pequeñas cosas que siempre tienes que hacer, pero las dejas para el último momento y cuando ya se acumulan, no hay remedio, tienes que hacerlas.
Hizo la colada, lavó el coche, fue de compras, se regalo unos cosméticos y fue a hacerse la cera. (Mónica siempre decía que las piernas de una mujer, a igual que los vaqueros pegados, hay que tenerlas siempre cargadas, como una pistola. Un par de balas de seguridad, un poco de locura y ganas de ir de frente y una pizca de valor. Y la cera, siempre la cera.)
Poco a poco se fue oscureciendo y ella no dejaba de pensar en la conversación que tuvo con su amiga. Mónica era buena amiga, quizás de las mejores que tenía, los consejos que le daba eran buenos, pero...¿eso quería decir que hay que dejar de lado la inocencia y conformarse con la insulsa realidad? Llevaba tanto tiempo soñando con príncipes azules que vinieran a rescatarla a su torre que no se había percatado, de que a lo mejor, ella no era exactamente una princesa.
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