viernes, 7 de febrero de 2014

Sálvese quien pueda.

Primero quiero pedir disculpas si alguien se siente ofendido, esto no es más que un vaso que rebosa monotonía.
Porque estoy cansada de que la gente ya no sonría como antes, de que nadie le regale unas cosquillas a un niño, y ese niño la sonrisa a su padre, y que ese padre mire al cielo sonriéndole a los que ya no están, como diciéndoles que su risa también se echa de menos. Porque una sonrisa es de lo poco que ya no cuesta dinero. Que a veces el hecho de que alguien te regale una cosa tan simple te puede salvar el día. Y parece que la felicidad últimamente se da con demasiados intereses. Y no todo el mundo puede pagarlos. Por favor, que alguien les haga a los políticos replantearse la clase de personas que son cuando lo único que hacen es robar tal cantidad de dinero a quién no lo tiene, sólo por tener sus bolsillos llenos. Como si consiguieran algo con eso. Y al final, lo único que consiguen, con sus prisas en busca de billetes y sus corazones mecanizados latiendo para poder mover un cuerpo que hace mucho que no vive, es no darse cuenta de aquel niño que llora por perder su peluche, o aquel otro que le cuenta a su padre lo mucho que le ha enseñado 'la seño' hoy en el cole. Que alguien les haga ver a esos señores, aquellos niños que no están corriendo en el patio de un colegio, sino están en silencio en su casa en ruinas, viendo a su madre llorar porque no hay nada para comer, pensando en cómo salir adelante, teniendo una mínima esperanza de que mañana irá todo bien. A ese hombre con la cara pintada, o a aquel otro tocando la guitarra, los dos esperando el sonido de unas monedas caer en una caja. Díselo tú, porque yo ya estoy cansada de ellos y de sus caras. De verlos cada día en los telediarios, viendo como nos manejan, viendo otro desahucio más o la quiebra de otra empresa de alguien que había invertido su vida en ella y ahora tiene que seguir viviendo. Tenemos que seguir viviendo. Con la intolerancia, el conformismo, la estabilidad, el cinismo, el machismo y la desesperación. Con las calles vacías que huelen a dinero, con señoras con abrigos hechos de billetes con una sonrisa falsa en la cara. Con ese hombre que le guiña el ojo a la camarera, pero oye, ya me voy que tengo a mi mujer y a mi hija esperándome en casa, que mañana la llevo al cole de la manita. Porque cada vez hasta lo polos lloran más y mejor no mencionar lo que eso conlleva. Y con esto quiero decir que lo único que quiero es un beso en la frente de alguien que no me miente, de alguien con un poco de esperanza, porque el mundo la está perdiendo y es lo peor que podría pasar. Quiero que la gente regale abrazos, de esos calentitos, a las personas que no tienen como pasar este invierno. Que los padres cuando vean saltar a sus hijos en un charco, no los regañen, sino salten con ellos. Pido que la gente deje de lado el egoísmo propio, que baile dejándose el alma en cada acorde de música y que ame como el más imperfecto humano. Y a todos vosotros os pido que seáis felices, joder. Pero no por alguien, ni por algo, bueno, quizás con alguien. No sé. Sed felices que al fin y al cabo es lo que nos merecemos.

Gracias a todo aquel que haya dedicado su tiempo a leer esto.
Alguien con un poquito de esperanza.