Me contó una vez que no quería ir al cine porque él siempre rechaza a las rubias, que no es una bestia pero tampoco un príncipe porque nunca había bailado en uno de aquellos bailes de fin de curso de los musicales. Me dijo que esa tarde había ido de compras y había visto el cuadro que aún no me ha regalado, le ha puesto nombre al perro que todavía no tenemos, el champán que beberá de mis piernas porque dice que seguro se emborracha más de mi piel que del alcohol. Me contó que había visto las medias que me rompería, la falda que me va a subir, la camisa que se comprará y la que pondremos en una percha, como la bandera por la que lucharíamos. También se paró al lado de la cama en la que le bailaré, el nórdico debajo del que me dará la vida y la muerte a la monotonía, el armario que me vestirá todas las mañas de su vida.Vio el buzón que esperará que le devore en busca de alguna carta como el me devora a mí el cuello, las lámparas que nuestras ganas apagarán, el sofá que se tragará todas las pelis y la manta que nos protegerá los sueños. Dijo que fue a la sección del baño y vio la bañera que nos limpiará de dudas y un espejo que refleja el futuro y en el que me vio a mí.
Pero que también había pensado meternos en una habitación sin muebles, con la lluvia golpeando en el cristal de banda sonora y que cuando salgan nuestros nombres en los créditos me dirá que ha merecido la pena vivir.
Si fuera él de verdad me daría igual la casa o el perro o los hijos. Solo quiero ser su hogar, maullarle por las mañanas y hacernos muchos hijos pero sin tenerlos. Si fuera él, probablemente, me enamoraría.
Felicidad, qué bonito nombre tienes.
A tu sonrisa no le cobro, lo ponemos todo a cuenta del destino y que lo pague él.
miércoles, 7 de mayo de 2014
viernes, 7 de febrero de 2014
Sálvese quien pueda.
Primero quiero pedir disculpas si alguien se siente ofendido, esto no es más que un vaso que rebosa monotonía.
Porque estoy cansada de que la gente ya no sonría como antes, de que nadie le regale unas cosquillas a un niño, y ese niño la sonrisa a su padre, y que ese padre mire al cielo sonriéndole a los que ya no están, como diciéndoles que su risa también se echa de menos. Porque una sonrisa es de lo poco que ya no cuesta dinero. Que a veces el hecho de que alguien te regale una cosa tan simple te puede salvar el día. Y parece que la felicidad últimamente se da con demasiados intereses. Y no todo el mundo puede pagarlos. Por favor, que alguien les haga a los políticos replantearse la clase de personas que son cuando lo único que hacen es robar tal cantidad de dinero a quién no lo tiene, sólo por tener sus bolsillos llenos. Como si consiguieran algo con eso. Y al final, lo único que consiguen, con sus prisas en busca de billetes y sus corazones mecanizados latiendo para poder mover un cuerpo que hace mucho que no vive, es no darse cuenta de aquel niño que llora por perder su peluche, o aquel otro que le cuenta a su padre lo mucho que le ha enseñado 'la seño' hoy en el cole. Que alguien les haga ver a esos señores, aquellos niños que no están corriendo en el patio de un colegio, sino están en silencio en su casa en ruinas, viendo a su madre llorar porque no hay nada para comer, pensando en cómo salir adelante, teniendo una mínima esperanza de que mañana irá todo bien. A ese hombre con la cara pintada, o a aquel otro tocando la guitarra, los dos esperando el sonido de unas monedas caer en una caja. Díselo tú, porque yo ya estoy cansada de ellos y de sus caras. De verlos cada día en los telediarios, viendo como nos manejan, viendo otro desahucio más o la quiebra de otra empresa de alguien que había invertido su vida en ella y ahora tiene que seguir viviendo. Tenemos que seguir viviendo. Con la intolerancia, el conformismo, la estabilidad, el cinismo, el machismo y la desesperación. Con las calles vacías que huelen a dinero, con señoras con abrigos hechos de billetes con una sonrisa falsa en la cara. Con ese hombre que le guiña el ojo a la camarera, pero oye, ya me voy que tengo a mi mujer y a mi hija esperándome en casa, que mañana la llevo al cole de la manita. Porque cada vez hasta lo polos lloran más y mejor no mencionar lo que eso conlleva. Y con esto quiero decir que lo único que quiero es un beso en la frente de alguien que no me miente, de alguien con un poco de esperanza, porque el mundo la está perdiendo y es lo peor que podría pasar. Quiero que la gente regale abrazos, de esos calentitos, a las personas que no tienen como pasar este invierno. Que los padres cuando vean saltar a sus hijos en un charco, no los regañen, sino salten con ellos. Pido que la gente deje de lado el egoísmo propio, que baile dejándose el alma en cada acorde de música y que ame como el más imperfecto humano. Y a todos vosotros os pido que seáis felices, joder. Pero no por alguien, ni por algo, bueno, quizás con alguien. No sé. Sed felices que al fin y al cabo es lo que nos merecemos.
Gracias a todo aquel que haya dedicado su tiempo a leer esto.
Alguien con un poquito de esperanza.
Porque estoy cansada de que la gente ya no sonría como antes, de que nadie le regale unas cosquillas a un niño, y ese niño la sonrisa a su padre, y que ese padre mire al cielo sonriéndole a los que ya no están, como diciéndoles que su risa también se echa de menos. Porque una sonrisa es de lo poco que ya no cuesta dinero. Que a veces el hecho de que alguien te regale una cosa tan simple te puede salvar el día. Y parece que la felicidad últimamente se da con demasiados intereses. Y no todo el mundo puede pagarlos. Por favor, que alguien les haga a los políticos replantearse la clase de personas que son cuando lo único que hacen es robar tal cantidad de dinero a quién no lo tiene, sólo por tener sus bolsillos llenos. Como si consiguieran algo con eso. Y al final, lo único que consiguen, con sus prisas en busca de billetes y sus corazones mecanizados latiendo para poder mover un cuerpo que hace mucho que no vive, es no darse cuenta de aquel niño que llora por perder su peluche, o aquel otro que le cuenta a su padre lo mucho que le ha enseñado 'la seño' hoy en el cole. Que alguien les haga ver a esos señores, aquellos niños que no están corriendo en el patio de un colegio, sino están en silencio en su casa en ruinas, viendo a su madre llorar porque no hay nada para comer, pensando en cómo salir adelante, teniendo una mínima esperanza de que mañana irá todo bien. A ese hombre con la cara pintada, o a aquel otro tocando la guitarra, los dos esperando el sonido de unas monedas caer en una caja. Díselo tú, porque yo ya estoy cansada de ellos y de sus caras. De verlos cada día en los telediarios, viendo como nos manejan, viendo otro desahucio más o la quiebra de otra empresa de alguien que había invertido su vida en ella y ahora tiene que seguir viviendo. Tenemos que seguir viviendo. Con la intolerancia, el conformismo, la estabilidad, el cinismo, el machismo y la desesperación. Con las calles vacías que huelen a dinero, con señoras con abrigos hechos de billetes con una sonrisa falsa en la cara. Con ese hombre que le guiña el ojo a la camarera, pero oye, ya me voy que tengo a mi mujer y a mi hija esperándome en casa, que mañana la llevo al cole de la manita. Porque cada vez hasta lo polos lloran más y mejor no mencionar lo que eso conlleva. Y con esto quiero decir que lo único que quiero es un beso en la frente de alguien que no me miente, de alguien con un poco de esperanza, porque el mundo la está perdiendo y es lo peor que podría pasar. Quiero que la gente regale abrazos, de esos calentitos, a las personas que no tienen como pasar este invierno. Que los padres cuando vean saltar a sus hijos en un charco, no los regañen, sino salten con ellos. Pido que la gente deje de lado el egoísmo propio, que baile dejándose el alma en cada acorde de música y que ame como el más imperfecto humano. Y a todos vosotros os pido que seáis felices, joder. Pero no por alguien, ni por algo, bueno, quizás con alguien. No sé. Sed felices que al fin y al cabo es lo que nos merecemos.
Gracias a todo aquel que haya dedicado su tiempo a leer esto.
Alguien con un poquito de esperanza.
domingo, 26 de enero de 2014
Me sobra el mundo.
Te quiero hacer saber que me basta con cerrar los ojos para verte,basta no tenerte unas horas para volver a escribirte, volver recorrerme tus fotos una y otra vez.Y es que, joder, cada vez que las veo siento una cosa distinta.
Empecemos por tus ojos, me ahogo por querer verlos y hacerles justicia por el otoño que llevas escondido en ellos. Me haces querer pasarme el resto de mi vida mirándolos, día tras día, noche tras noche. Llegar a los 99, trasnochado, temiendo no volver a dormir contigo otra noche más. Porque el miedo a perderte lo tenía incluso antes de tenerte.
Ahora, podría describir tu boca, pero me faltarían metáforas y adjetivos. Y te digo a ti, estudiante de ciencia (in)cierta, que la gravedad no tiene un valor de 9,8, tiene las medidas de tus labios. Aunque me tenga que poner de puntillas para besarlos, voy a intentar medirlos para que corrijan esa barbaridad que dicen.
Con tu lengua, inventaría un nuevo idioma que sólo entendiéramos nosotros y lo gritáramos en medio de la noche. Estudiar otro lenguaje que no sea el mio.
Tus manos, que guardan un mapa, con todas las líneas de tu vida, y seguro, que todas me llevan a tu casa. Qué estoy diciendo. También guardan el tesoro, el barco, la bandera y la isla entera. Contaría con tus dedos todas las veces que me das la vida (y me la quitas).
Dicen que la perfección no existe. Pero es que, joder, tú estás siempre precioso. Mira hacía el cielo, y luego mírame a mí y cuéntame todas las estrellas que has visto porque yo, sólo te puedo ver a ti, eclipsando a todas las constelaciones (menos a las que forman los lunares en tu espalda).
Lo perfecto está lleno de defectos. Lo sé porque tú dudas de ti mismo, te he visto mirarte y no gustarte, pero sí cuando te mirabas al espejo de mis ojos. Pero yo, me he enamorado de tus defectos, mi amor. De las mejores opciones de tu propia esencia.
Tengo tantas cosas que decirte, cariño. He cambiado el quererte por amarte. Pero aún te sigo queriendo. Y no te puedo escribir cuánto ni hasta dónde, porque para eso necesito tenerte en frente y dejar las palabras a un lado para decirte que mi vida envidia mi suerte.
Empecemos por tus ojos, me ahogo por querer verlos y hacerles justicia por el otoño que llevas escondido en ellos. Me haces querer pasarme el resto de mi vida mirándolos, día tras día, noche tras noche. Llegar a los 99, trasnochado, temiendo no volver a dormir contigo otra noche más. Porque el miedo a perderte lo tenía incluso antes de tenerte.
Ahora, podría describir tu boca, pero me faltarían metáforas y adjetivos. Y te digo a ti, estudiante de ciencia (in)cierta, que la gravedad no tiene un valor de 9,8, tiene las medidas de tus labios. Aunque me tenga que poner de puntillas para besarlos, voy a intentar medirlos para que corrijan esa barbaridad que dicen.
Con tu lengua, inventaría un nuevo idioma que sólo entendiéramos nosotros y lo gritáramos en medio de la noche. Estudiar otro lenguaje que no sea el mio.
Tus manos, que guardan un mapa, con todas las líneas de tu vida, y seguro, que todas me llevan a tu casa. Qué estoy diciendo. También guardan el tesoro, el barco, la bandera y la isla entera. Contaría con tus dedos todas las veces que me das la vida (y me la quitas).
Dicen que la perfección no existe. Pero es que, joder, tú estás siempre precioso. Mira hacía el cielo, y luego mírame a mí y cuéntame todas las estrellas que has visto porque yo, sólo te puedo ver a ti, eclipsando a todas las constelaciones (menos a las que forman los lunares en tu espalda).
Lo perfecto está lleno de defectos. Lo sé porque tú dudas de ti mismo, te he visto mirarte y no gustarte, pero sí cuando te mirabas al espejo de mis ojos. Pero yo, me he enamorado de tus defectos, mi amor. De las mejores opciones de tu propia esencia.
Tengo tantas cosas que decirte, cariño. He cambiado el quererte por amarte. Pero aún te sigo queriendo. Y no te puedo escribir cuánto ni hasta dónde, porque para eso necesito tenerte en frente y dejar las palabras a un lado para decirte que mi vida envidia mi suerte.
sábado, 25 de enero de 2014
Telegrama urgente para la gente.
Que alguien me diga dónde ha acabado el romanticismo. ¿Quién lo ha matado y quién se ha atrevido a enterrarle?
¿Dónde están todas esas viejas costumbres que teníamos? ¿Queda alguien aún que lea en la cama antes de irse a dormir? Que sueñe con los ojos abiertos. Que deje el perfume de sus manos en el papel de una carta y no en un email. Que juegue con alguien untándose la nariz con chocolate y que aún piense que el ombligo de alguien es el mejor recipiente. Alguien que aún vea pelis en el sofá y que acabe sin saber de que va, pero si que sepa cada detalle de la cara de ella. Alguien que me vuelva a enseñar a tocar el piano mientras me observa dejándose caer en el con la mirada rebosando amor. ¿Hay alguien que aún escriba en las madrugadas de insomnio un diario? Con el miedo y el morbo de que algún día alguien leerá los pecados cometidos.
Vamos perdiendo poco a poco todas las viejas costumbres, pero la de quererte, no me la quita nadie.
¿Dónde están todas esas viejas costumbres que teníamos? ¿Queda alguien aún que lea en la cama antes de irse a dormir? Que sueñe con los ojos abiertos. Que deje el perfume de sus manos en el papel de una carta y no en un email. Que juegue con alguien untándose la nariz con chocolate y que aún piense que el ombligo de alguien es el mejor recipiente. Alguien que aún vea pelis en el sofá y que acabe sin saber de que va, pero si que sepa cada detalle de la cara de ella. Alguien que me vuelva a enseñar a tocar el piano mientras me observa dejándose caer en el con la mirada rebosando amor. ¿Hay alguien que aún escriba en las madrugadas de insomnio un diario? Con el miedo y el morbo de que algún día alguien leerá los pecados cometidos.
lunes, 20 de enero de 2014
'voyage, voyage.'
Un sábado se merece ir a Praga, decías,
porque Venecia está hecha para los domingos,
para estar toda la tarde en pijama.
Los lunes, en Pisa se nos torcían,
los martes, te volvías mi dios griego,
hasta los de Atenas te envidiaban.
Los miércoles a Lisboa,
pero rápido, que perdemos el tranvía.
Los jueves traías Roma a nuestra habitación
Aunque mis días preferidos siguen siendo los viernes en Madrid.
(pero ya sabes lo que dicen;
'para hacer bien el amor hay que venir al sur'.)
porque Venecia está hecha para los domingos,
para estar toda la tarde en pijama.
Los lunes, en Pisa se nos torcían,
los martes, te volvías mi dios griego,
hasta los de Atenas te envidiaban.
Los miércoles a Lisboa,
pero rápido, que perdemos el tranvía.
Los jueves traías Roma a nuestra habitación
Aunque mis días preferidos siguen siendo los viernes en Madrid.
(pero ya sabes lo que dicen;
'para hacer bien el amor hay que venir al sur'.)
domingo, 19 de enero de 2014
Cómo mola el ajedrez.
Estamos sentados uno en frente del otro separados por un tablero de ajedrez de madera. Yo con mis blancas y tu con tus negras. Puedes atacar o sólo defenderte. Dejarte llevar o tener una estrategia. Hacer la partida interesante sacrificando todos tus peones o proteger a tu rey con un escudo a su alrededor.
Otro dato importante es que el que pierde una pieza, pierde una prenda.
Que empiece la partida.
Muevo el peón que está delante del caballo. Mi primer movimiento es siempre el mismo. Una estrategia básica. Si te acuerdas de todos puedes ganar la partida en sólo 14 movimientos. Te toca a ti. Haces lo mismo moviendo el mismo peón. Quizás también sepas esta estrategia. Muevo un peón para comprobarlo. Te das cuenta de mi error. Me comes un peón y me quito la sudadera.
-No juegues con fuego, o tu rey acabará pagando las consecuencias -dices mientras levantas la comisura izquierda de tu boca.
Te como dos peones y sacrifico otros dos míos.
(tengo hace calor)
Seguidamente tengo que mover mi alfil protegido con otras dos piezas. Toca sacar al caballo al campo de la batalla.
Antes odiaba al caballo. Ahora da con sus movimientos mucho más que ir en recto o diagonal.
Me como sus afiles y tres de sus peones, pero sacrificando mis dos torres.
Esto se va poniendo interesante. Lleva unos calcetines, una camiseta de tirantes y un bóxer negro. A mi me quedan unos culots rojos y una camiseta blanca y la ropa interior.
Le llevo ventaja.
Después de mirar el tablero y la poca ropa que le queda me planteo una estrategia de tres pasos. Sonrío inconscientemente.
-Vamos, que no tengo todo el día. ¿Estas teniendo una visión o qué?
-Cualquier movimiento puede llegar a ser un suicidio sin sentido, si no se tiene paciencia, nene -digo recordando las palabras de mi primo, que fue el que me enseñó a jugar al ajedrez todos los veranos cuando era pequeña.
Muevo mi alfil a D6.
-Mal, mal, mal, muy mal pequeña. ¿Y tu otro caballo? ¿En que estás pensando?
Me quito la camiseta. Te vas a enterar. Muevo mi alfil a E8.
-Vaya, vaya, ¿ahora quién se ríe, vaquero? Dile adiós a tu reina.
Me mira desconcertado. Traga saliva. Se quita los calcetines bajo mi mirada. Y sin pensarlo demasiado mueve una de sus torres. Despídete de ella. Se quita la camiseta. Sólo le quedan el bóxer. Lo miro de arriba abajo. Victoria.
- Me has ganado, me rindo, maestra - dice y me suplica piedad.
- Que cobarde. No puedes rendirte. ¿Cómo puedes abandonar a tu rey cuando esta indefenso a punto de morir?
- No me preocupa para nada la muerte de mi rey, sino lo que eso conlleva su muerte.
Lo miro con orgullo y le digo que haga el último movimiento que puede hacer.
Jaque Mate. Su rey muere.
Otro dato importante es que el que pierde una pieza, pierde una prenda.
Que empiece la partida.
Muevo el peón que está delante del caballo. Mi primer movimiento es siempre el mismo. Una estrategia básica. Si te acuerdas de todos puedes ganar la partida en sólo 14 movimientos. Te toca a ti. Haces lo mismo moviendo el mismo peón. Quizás también sepas esta estrategia. Muevo un peón para comprobarlo. Te das cuenta de mi error. Me comes un peón y me quito la sudadera.
-No juegues con fuego, o tu rey acabará pagando las consecuencias -dices mientras levantas la comisura izquierda de tu boca.
Te como dos peones y sacrifico otros dos míos.
(
Seguidamente tengo que mover mi alfil protegido con otras dos piezas. Toca sacar al caballo al campo de la batalla.
Antes odiaba al caballo. Ahora da con sus movimientos mucho más que ir en recto o diagonal.
Me como sus afiles y tres de sus peones, pero sacrificando mis dos torres.
Esto se va poniendo interesante. Lleva unos calcetines, una camiseta de tirantes y un bóxer negro. A mi me quedan unos culots rojos y una camiseta blanca y la ropa interior.
Le llevo ventaja.
Después de mirar el tablero y la poca ropa que le queda me planteo una estrategia de tres pasos. Sonrío inconscientemente.
-Vamos, que no tengo todo el día. ¿Estas teniendo una visión o qué?
-Cualquier movimiento puede llegar a ser un suicidio sin sentido, si no se tiene paciencia, nene -digo recordando las palabras de mi primo, que fue el que me enseñó a jugar al ajedrez todos los veranos cuando era pequeña.
Muevo mi alfil a D6.
-Mal, mal, mal, muy mal pequeña. ¿Y tu otro caballo? ¿En que estás pensando?
Me quito la camiseta. Te vas a enterar. Muevo mi alfil a E8.
-Vaya, vaya, ¿ahora quién se ríe, vaquero? Dile adiós a tu reina.
Me mira desconcertado. Traga saliva. Se quita los calcetines bajo mi mirada. Y sin pensarlo demasiado mueve una de sus torres. Despídete de ella. Se quita la camiseta. Sólo le quedan el bóxer. Lo miro de arriba abajo. Victoria.
- Me has ganado, me rindo, maestra - dice y me suplica piedad.
- Que cobarde. No puedes rendirte. ¿Cómo puedes abandonar a tu rey cuando esta indefenso a punto de morir?
- No me preocupa para nada la muerte de mi rey, sino lo que eso conlleva su muerte.
Lo miro con orgullo y le digo que haga el último movimiento que puede hacer.
Jaque Mate. Su rey muere.
viernes, 17 de enero de 2014
Uno que llega y otro que se va, pero con ese que ha llegado.
Todo el mundo se refugia en algún sitio alguna vez, cuando está triste por ejemplo, solo o cuando simplemente está. En la playa, en un parque o entre las cuatro paredes de su habitación. No sé.
Yo pienso que uno de los mejores sitios, es el aeropuerto.
Cada vez que espero sentada en alguna de esas incómodas sillas a que salga mi vuelo. A veces no hay a penas gente y me entretengo viendo despegar otros aviones, pero otras, me quedo viendo como padres, amigos, abuelos, parejas, están esperando, quizás a las personas que más quieren en este mundo. Se ven sonrisas, lágrimas, pero todas de alegría. Miles de caricias, abrazos, besos, miles de te he echado de menos todo este tiempo, semanas, meses o años. Amor. Pero creo que lo que más me gusta, como mi canción preferida y que nunca dejaría de escuchar. Es ese momento en el que parece que el mundo deja de dar vueltas y un padre deja su maleta que se oye cuando cae al suelo porque ha salido corriendo a abrazar a sus hijos, mujer, primos, padres o abuelos. El tiempo vuelve a unir lo que el mundo ha separado, y yo estoy allí para verlo.
Luego cuando ya estoy sentada en mi sitio del avión, por cierto, mucho más confortable, pienso que en ese momento alguien estará celebrando con sus amigos la llegada del otro, o quizás parejas haciendo el amor después de meses sin el otro, o un padre contándole a su hijo lo mucho que ha pasado y como ha sido trabajar en otro sitio para que ellos tengan un techo encima y una sonrisa en la cara.
Yo pienso que uno de los mejores sitios, es el aeropuerto.
Cada vez que espero sentada en alguna de esas incómodas sillas a que salga mi vuelo. A veces no hay a penas gente y me entretengo viendo despegar otros aviones, pero otras, me quedo viendo como padres, amigos, abuelos, parejas, están esperando, quizás a las personas que más quieren en este mundo. Se ven sonrisas, lágrimas, pero todas de alegría. Miles de caricias, abrazos, besos, miles de te he echado de menos todo este tiempo, semanas, meses o años. Amor. Pero creo que lo que más me gusta, como mi canción preferida y que nunca dejaría de escuchar. Es ese momento en el que parece que el mundo deja de dar vueltas y un padre deja su maleta que se oye cuando cae al suelo porque ha salido corriendo a abrazar a sus hijos, mujer, primos, padres o abuelos. El tiempo vuelve a unir lo que el mundo ha separado, y yo estoy allí para verlo.
Luego cuando ya estoy sentada en mi sitio del avión, por cierto, mucho más confortable, pienso que en ese momento alguien estará celebrando con sus amigos la llegada del otro, o quizás parejas haciendo el amor después de meses sin el otro, o un padre contándole a su hijo lo mucho que ha pasado y como ha sido trabajar en otro sitio para que ellos tengan un techo encima y una sonrisa en la cara.
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