Todo el mundo se refugia en algún sitio alguna vez, cuando está triste por ejemplo, solo o cuando simplemente está. En la playa, en un parque o entre las cuatro paredes de su habitación. No sé.
Yo pienso que uno de los mejores sitios, es el aeropuerto.
Cada vez que espero sentada en alguna de esas incómodas sillas a que salga mi vuelo. A veces no hay a penas gente y me entretengo viendo despegar otros aviones, pero otras, me quedo viendo como padres, amigos, abuelos, parejas, están esperando, quizás a las personas que más quieren en este mundo. Se ven sonrisas, lágrimas, pero todas de alegría. Miles de caricias, abrazos, besos, miles de te he echado de menos todo este tiempo, semanas, meses o años. Amor. Pero creo que lo que más me gusta, como mi canción preferida y que nunca dejaría de escuchar. Es ese momento en el que parece que el mundo deja de dar vueltas y un padre deja su maleta que se oye cuando cae al suelo porque ha salido corriendo a abrazar a sus hijos, mujer, primos, padres o abuelos. El tiempo vuelve a unir lo que el mundo ha separado, y yo estoy allí para verlo.
Luego cuando ya estoy sentada en mi sitio del avión, por cierto, mucho más confortable, pienso que en ese momento alguien estará celebrando con sus amigos la llegada del otro, o quizás parejas haciendo el amor después de meses sin el otro, o un padre contándole a su hijo lo mucho que ha pasado y como ha sido trabajar en otro sitio para que ellos tengan un techo encima y una sonrisa en la cara.
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