viernes, 6 de diciembre de 2013

A lo mejor, no era exactamente una princesa.

-No sé por qué soy así. Me entusiasmo tanto al principio, que luego, pierdo todo el interés. Y por mucho que fracase, que me dé de bruces contra la pared, una y otra vez, sigo con la esperanza de encontrar al amor de mi vida. Mis esperanzas de encontrar un nuevo príncipe azul se recuperan incluso antes de que yo haya olvidado al último clavo.
-Laura, eres como una niña pequeña buscando la chuche perfecta en una tienda de osos de peluches enorme. Te dejas llevar, te ciega tu imaginación y no te das ni cuenta, de que buscas en el sitio equivocado.
-Ay, Mónica, dime la verdad...¿Tú crees que encontraré algún día a alguien que consiga llenar este vacío?
-Ese alguien tiene que tener una polla muy grande para llenarte a ti, cariño. Eres tan inocente...
-Y tú una cerda, Mónica... y tu una cerda.
Al día siguiente, Laura, se despertó, como todos los domingos, demasiado tarde. Amaba tanto dormir, y su cama, tanto como a los sueños que tenía. Pero odiaba pensar que los sueños, le alejaban de las cosas reales de la vida, de los pequeños detalles. ¿Cuánto tiempo hay que soñar? ¿En cuánto tiempo se olvidan los sueños?
El agua caliente iba llenando poco a poco su bañera, que poco a poco quedaba escondida entre espumas de sales aromáticas. El plan perfecto para relajarse un domingo sumergida en si misma horas y horas.
Hoy haría todas esas pequeñas cosas que siempre tienes que hacer, pero las dejas para el último momento y cuando ya se acumulan, no hay remedio, tienes que hacerlas.
Hizo la colada, lavó el coche, fue de compras, se regalo unos cosméticos y fue a hacerse la cera. (Mónica siempre decía que las piernas de una mujer, a igual que los vaqueros pegados, hay que tenerlas siempre cargadas, como una pistola. Un par de balas de seguridad, un poco de locura y ganas de ir de frente y una pizca de valor. Y la cera, siempre la cera.)
Poco a poco se fue oscureciendo y ella no dejaba de pensar en la conversación que tuvo con su amiga. Mónica era buena amiga, quizás de las mejores que tenía, los consejos que le daba eran buenos, pero...¿eso quería decir que hay que dejar de lado la inocencia y conformarse con la insulsa realidad? Llevaba tanto tiempo soñando con príncipes azules que vinieran a rescatarla a su torre que no se había percatado, de que a lo mejor, ella no era exactamente una princesa.




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